El Divorcio


EL DIVORCIO: La atadura de la ley (social o religiosa), o la libertad de Dios en la expresión del amor y de la reconciliación.

de Miguel Sánchez Ávila, el Domingo, 11 de diciembre de 2011 a la(s) 13:02 ·
Utiliza Fragmentos del Documento Original:  Bravo Caballero, J. (2000-2010). El Divorcio. Iglesia Metodista. Recuperado de  http://www.angelfire.com/pe/jorgebravo/divorcio.htm

Antes de hablar específico sobre el tema del divorcio, mencionemos ciertos puntos:

a) En una oportunidad Jesús fue confrontado ante una discusión que  dividía a dos grandes escuelas rabínicas; la que sostenía que el hombre podía  divorciarse de su mujer por cualquier causa (Hillel), y la otra que afirmaba que  el divorcio sólo se permitía en casos de infidelidad  (Sammai).

Aquí Jesús tomó una opción apoyando la posición de la escuela  Sammai.

b) Otro caso, cuando a Jesús se le puso entre dos adversarios y sobre un  tema; el asunto del tributo al César, en la cual los fariseos sostenían que los  judíos no debían de pagar impuestos a Roma, mientras que los herodianos  sostenían lo contrario (Mt. 12: 15-21; Mc. 12: 13-17; Lc. 20:  20-26).

Más allá de todo proceso hermeneútico, Jesús decidió a favor  de los herodianos.

c) Un tema candente era sobre la resurrección de los muertos. Los  fariseos y saduceos diferían al respecto. Los saduceos afirmaban que no había  resurrección, mientras que los fariseos afirmaban lo contrario (Mt. 22: 23-33;  Mc. 12: 18-27; Lc. 20: 27-40).

En este asunto, Jesús favoreció a los  fariseos.

d) Es curioso ver la actitud que Jesús tomó ante una situación de  adulterio (Jn. 8: 1-11), a la que fue confrontado malamente por los escribas y  fariseos, había que optar por la ley o el amor (objeto de su  práctica).

Jesús se inclinó por el amor.

e) Otra situación se da cuando Jesús se encontraba en el desierto y era  tentado por el diablo. Aquí la tentación giraba entre obedecer a Satanás, que  utilizaba las Escrituras para su beneficio, o encararlo con las mismas  Escrituras, desde una perspectiva de su señorío y autoridad como Hijo de Dios.  (Lc. 4: 1-13; Mt. 4: 1-11).

Jesús se inclinó y optó por esta última  posición.

¿Qué nos muestran estas actitudes de Jesús? Consideramos que dos  enseñanzas podemos obtener:

1. Toda situación merece una consideración muy especial a la luz de la  realidad en cual se genera y que la ley no puede ser aplicada, tan sólo por ser  la ley.

2. El amor de Dios es más trascendente que la ley. En la prédica y  práctica de Jesús, este amor pudo hacer muchas maravillas e infinidad de  milagros; redimió al caído, perdonó al pecador, generó un nuevo proyecto de vida  al que estaba muerto en vida; dio de comer a los hambrientos, sanó a los  enfermos, etc. En resumen, el amor pudo más que la ley.

En lo que respecta a nuestro tema, el divorcio, queremos hacer las  siguientes observaciones:

1. Con respecto a los vocablos griegos:

apoluv (apolúo): Significa soltar, liberar, despedir, despachar, divorciar,  perdonar, indultar. En ningún caso significa repudiar, que tiene otra  connotación.

porneia (porneía): Cuyo significado es inmoralidad sexual; infidelidad. Es  decir, falta de exactitud en cumplir con sus compromisos; inconsistencia en el  cariño; falta de fe. Ausencia de fidelidad y amor. Según el Diccionario Conciso  Griego-Español del Nuevo Testamento, el término infidelidad corresponde  para los textos bíblicos de Mt. 5: 32; 19: 9, y no inmoralidad sexual.

2. En cuanto al concepto:

· El divorcio sólo es permitido por causa de infidelidad (porneía) (Mt.  5:32; 19: 9).

· El divorcio disuelve el matrimonio y da derecho a la parte inocente a  volverse a casar (Dt. 24: 1-4).

· El divorcio bíblico significaba la disolución total del matrimonio  con el derecho a volver a contraer nupcias.

· Para los judíos era desconocida la prohibición de volverse a casar  después del divorcio.

· El divorcio no es un problema moderno. Moisés, catorce siglos antes  de Jesucristo, tuvo que legislar sobre el mismo. Jesús mismo lo encaró como una  cuestión moral.

· Buscar el divorcio para resolver cualquier problema leve o como una  salida fácil, no es bueno. El divorcio no es motivo de regocijo, más bien, de  dolor, sufrimiento, reflexión seria sobre nuestra condición humana delante del  Señor.

I. REFLEXIÓN BÍBLICO-TEOLÓGICA SOBRE EL  DIVORCIO

El libro de Génesis presenta dos relatos de la Creación. En el  primero, Dios hizo al ser humano a su imagen y semejanza, y como personas  sexuales –hombre y mujer. A ellos les ordena ser fecundos y reproducirse (Gn. 1:  27-28).

En el segundo relato, Dios formó al hombre y le dio su Espíritu (Gn.  2: 7), colocándolo en un Paraíso –cosa que no sucede en el primer relato de la  Creación. Después Dios le crea una compañera idónea al hombre (Gn. 2: 18),  creando de esta manera a la mujer (Gn. 2: 22).

El hombre al salir de su letargo y al ver a la nueva criatura de  Dios, él se reconoce en ella, y en las primeras palabras pronunciadas por el ser  humano en la Biblia, declara que se ve reflejado en ella a través de una  identificación total (Gn. 2: 23).

En el segundo relato, no existe una orden de sometimiento de la  creación de Dios, ni de reproducirse; más bien se deja ver un orden social,  donde las personas creadas son vistas como individuos, que se complementan el  uno con el otro en todo sentido.

Este complemento se realiza a través de una relación: “Ésta sí que es  hueso de mis huesos y carne de mi carne” (Gn. 2: 23).

Esta unión se basa en una identificación y en la habilidad que el  Creador nos da para amar el hueso y la carne que es “nuestro”.

Esto era al comienzo (en una relación edenista), pero se rompe con el  acto de la ambición personal de querer ser como Dios, lo que lleva al ser humano  a pecar, desobedeciendo la orden divina (Gn. 3: 4-5).

Debido a esta situación y para ordenar la sociedad, los grupos  humanos tratan de regular las relaciones entre las personas creando leyes que  regulan la unión del hombre con la mujer (matrimonio), así como la separación de  éstos (divorcio).

El libro de Levítico en el capítulo 18 contiene leyes en cuanto a la  unión conyugal y en Deuteronomio 24: 1-4 existen leyes que regulan el  divorcio.

Es interesante notar que el pasaje sobre el divorcio, se halle dentro  de una sección que regula y decreta la protección del débil y abusado (Dt.  23:16-25: 19).

La prohibición para volverse a casar después de darle libertad a la  mujer (divorcio), era ajena a la cultura hebrea y judía.

En el Nuevo Testamento vemos que en varias oportunidades, los  fariseos y escribas confrontan a Jesús con la concepción acerca del divorcio  (Mt. 19: 3-12; Mc. 10: 10-12), demandando de él una respuesta inmediata. Una  forma de contestar, rehusando entrar en el juego del legalismo, fue:  (Moisés)…os permitió dejar libre a vuestra mujer;  pero al principio no fue así (Mt. 19: 8).

De esta manera Jesús quiere volver a establecer ese orden inicial de  la creación. Esta posición radical suya (volver a la raíz), lo lleva a oponerse,  -como reflejo de su amor, a una ley que el pueblo tenía y que era imperfecta,  frente a la a realidad de la sociedad, en especial a la situación de la mujer.  La respuesta de Jesús es en defensa de la mujer.

Según la sociedad judía, la mujer podía ser divorciada por cualquier  causa, especialmente de acuerdo a la escuela del rabí Hillel. De esta forma, la  mujer divorciada, pasaba a ser criatura sin derechos humanos ni sociales, al no  tener marido.

La posición de Jesús sobre el divorcio no era ciega, sino que  respondía al amor y a la dignidad humana más que a la  ley.

Es en esa línea que el apóstol Pablo también autoriza el divorcio  cuando el cónyuge no es de la fe cristiana (1Co. 7: 15). Aquí Pablo determina  que la falta de identificación y el buscar “vivir en paz como nos llama el  Señor” justifica el divorcio o la separación de los  cónyuges.

En el Evangelio de San Juan (8: 3-11), también vemos que los escribas  y fariseos ponen a prueba a Jesús, en la disyuntiva de aplicar la ley, que  destrozaba la vida, a pedradas, de una adúltera, o la acción del amor, que  implica perdón y reconciliación.

Nuevamente se repite, en alguna forma, lo sucedido en el Edén. Los  escribas y fariseos quieren ser dioses y tener el control de la decisión sobre  la vida y la muerte, y quieren contaminar a Jesús, pidiéndole su elección: la  ley que Moisés recibió de Dios o el amor que implica perdón y reconciliación de  Yavé. Esta es la respuesta de Jesús a la mujer y a nosotros: “Tampoco yo te  condeno, vete y en adelante no peques más” (Jn. 8: 11b).

Es el amor hacia el prójimo, especialmente para el que sufre la  opresión de la ley esclavizante, lo que motiva a Jesús a tomar decisiones; para  él, el matrimonio está fundado en el amor que viene a ser el “núcleo generador  de relaciones que de otro modo no se sostendría” Este amor es la  fuerza y la única unión del matrimonio. Si se disuelve el vínculo del amor; si  no existe la propia identificación en la otra persona –entonces, el vínculo  legal de la ley matrimonial deja de tener todo sentido. La unión del amor es  antes y mayor que la ley civil o el rito religioso, que son la consecuencia de  la expresión de ese amor.

En un proceso existencial de una sociedad cada día más compleja,  donde las presiones sociales y psicológicas afectan las relaciones humanas, la  Iglesia y los cristianos nos encontramos como Jesús, frente a disyuntivas  críticas: la atadura de la ley (social o religiosa), o la libertad de Dios en la  expresión del amor y de la reconciliación.

La situación de pecado en que vive la humanidad nos debe llevar a  preguntarnos como iglesia: ¿es cristiano negar la realidad del divorcio en  nuestra sociedad y en la iglesia,  imperfectas aún? ¿es cristiano demandar que las personas vivan en relaciones  quebradas y adulteradas por un “amor” diluido, manteniendo una relación de  apariencia y negando el “vivir en paz como nos llama el  Señor”?

“Una ley de divorcio de por sí no genera permisividad;  todo lo contrario, puede profundizar los lazos del amor cuando es real. Mantener  la indisolubilidad por ley es una coacción externa, creadora de hipocresía. El  amor está en la pareja y no necesita una presión de afuera para sostenerse. La  ley regula otros aspectos del matrimonio que resultan socialmente de aquella  opción de formar pareja. Con una ley de divorcio habría más coherencia entre el  amor real y su expresión legal. Incluso, la posibilidad de la disolución del  vínculo –que se supone no es por cualquier motivo- debe suscitar en la pareja  una profundización y no una banalización de sus relaciones de amor.”

El adulterio no resulta como consecuencia del divorcio. El adulterio  puede existir en una matrimonio, cuando la unión está rota –ya hay pecado.   “Puede haber algunos muy puros sexualmente, y que ya no aman, y entonces la  unión está rota” por lo tanto,  también están en pecado de adulterio, aunque vivan juntos como marido y mujer,  cumpliendo con la ley.

El divorcio no es motivo de regocijo. Es momento de reflexión seria,  sobre nuestras vidas y las relaciones humanas. Es tiempo de oración y de amor,  de perdón y reconciliación. El apóstol Pablo dijo que cuando uno sufre, todo el  cuerpo sufre (1 Co. 12:26ª).

En todo divorcio hay personas que necesitan del amor de las personas  que conforman la Iglesia más que la ley bíblica, porque más puede el amor de  Dios.

Lo que Dios unió en amor de identificación mutua, ningún hombre lo  separe. Entonces, podemos decir, que lo que Dios no une más, -al romperse ese  amor de identificación- que lo separe el hombre.

II. EL DIVORCIO DESDE LA PRÁCTICA DE JESÚS

Hemos hecho una reflexión bíblico-teológica sobre el divorcio y para  ello nos hemos remitido a las Escrituras. Sin embargo, en toda la Escritura hay  una experiencia que no podemos dejar de lado y que fue anunciada desde el  comienzo de la Creación, ésta es la práctica o pastoral de Jesús, en el  cumplimiento de su misión, cuya fuente inagotable es el amor, producto de su  misericordia.

Esta praxis de Jesús es la que nos inspira a tomar una alternativa  con respecto al tema del divorcio.

Tomemos en cuenta tres situaciones, a manera de ejemplo, en las  cuales la pastoral de Jesús se hace más notoria en relación al asunto de nuestro  estudio, el divorcio.

1. Jesús da una nueva ley sobre el divorcio (Mt. 19:  1-12).

Es bueno señalar que antes de producirse la controversia con los  fariseos sobre el divorcio, Jesús sanó a toda una multitud que lo seguía y había  puesto su esperanza en él. Jesús ejerció su poder por amor y  misericordia.

Los fariseos  confrontaron a Jesús con una pregunta maliciosa acerca del divorcio. Jesús les  contesta que al principio no fue así (Mt. 19: 8b), y su respuesta al asunto es  una nueva propuesta, es decir, una nueva ley sobre el divorcio, en la que el  sujeto de esa nueva ley es la mujer. Se trata de una defensa de la mujer, que  según una postura judía, ésta podía ser divorciada por cualquier causa (Mt. 19:  9).

Ya hemos visto acerca del significado de los vocablos griegos: apoluv (apolúo) y porneia (porneía). Esto nos da pie para considerar la única excepción que  hace Jesús, “sólo por causa de infidelidad”, es decir, cuando se produce el  deterioro de relaciones de amor y de fidelidad en la  pareja.

2. Jesús y una divorciada (Jn. 4:  1-42).

Infortunadamente, el Nuevo Testamento parece poner en  boca de Jesús dos respuestas diferentes: una en Marcos 10: 1-12 y la otra en  Mateo 19: 1-12; basar la actitud de Cristo hacia el divorcio en Marcos o en  Mateo me parece un error. Jesús repudiaba las respuestas legalistas a todas las  preguntas. Y así lo hizo con el divorcio. Elevó toda la cuestión al nivel de los  grandes principios morales y espirituales -y humanos. En todos los dichos de  Jesús sobre el divorcio, reconoce el divorcio de Moisés con grandes  limitaciones, y que el pecado humano hace que el divorcio sea casi  inevitable.

El divorcio no es un impedimento para que se reciba el  don de la vida eterna que él le ofrece.

A la luz de su comprensión, firmeza y simpatía, ¿cómo  aparecen las actitudes de la Iglesia moderna? No encuentro apoyo para la ‘dura’  adoptada hacia el divorcio y el nuevo matrimonio por algunas de las grandes  iglesias del mundo. Creo que de alguna manera, Jesús sin debilitar en lo más  mínimo la santidad del matrimonio, ofrecía todavía los ministerios de su gracia  en el servicio del matrimonio y la Santa Comunión a aquellos que ‘por la dureza  sus corazones’ hubieran fallado y pecado. Por manchados y sucios que estemos, él  viene a nosotros ofreciéndonos su todo”

3. Jesús y la mujer adúltera (Jn. 8:  1-12).

Otra vez nos encontramos con Jesús en plena actividad, se hallaba  enseñando a todo un pueblo y de pronto aparecen en la escena los escribas y  fariseos con una situación muy delicada, y esperan que Jesús de un traspié ante  la pregunta: “tú, pues, qué dices?” (Jn. 8: 5b).

Hay una actitud  de Jesús frente a ellos, -no les hace caso, prefería seguir enseñando al pueblo-  se pone a escribir con el dedo en el suelo. Los escribas y fariseos insisten  sobre el asunto, quieren saber si Jesús va a permitir que se cumpla la ley -en este caso, la mujer debe ser apedreada.  Lo contrario, sería desobedecer con la ley y entonces debe ser  acusado.

Ante la insistencia de ellos, Jesús los confronta con la acción y les  dice, en otras palabras: “está bien, pueden ejecutar la pena, pero el primero en  hacerlo, será aquel que no ha violado esa misma ley” -es decir, no haya  pecado.

Ya sabemos el resultado, nadie se atrevió a aplicar la pena y Jesús  al ver que no estaban los acusadores y la mujer se encontraba sola, tal vez  esperando la pena, y ante la expectativa de todo un pueblo que estaba siendo  enseñado por él, se permite hacer una excepción a la ley: “Ni yo te condeno,  vete y no peques más” (Jn. 8: 11). De allí su afirmación válida al final de la  historia: “Yo soy la luz del mundo” (Jn. 8: 12b).

De esta actitud tomada por Jesús podemos llegar a la siguiente  reflexión:

a) Si a Moisés se le permitió legislar sobre el adulterio y el  divorcio, por la dureza del corazón del hombre, ahora, en vista del abuso de que  se hace de la ley y ha hecho más grave la situación del ser humano, Jesús da una  excepción por causa del amor y la misericordia de Dios, la ley no se  aplicará.

b) Jesús en  ningún momento desconoció la ley, al contrario, la tuvo en cuenta, pero esa  misma dureza de corazón la anula y se reemplaza por una nueva ley: el  amor.

Partiendo de esa práctica de Jesús, la Iglesia debe tenerla en cuenta, sea cual sea el problema que tenga que atender, no  solamente el divorcio.

Acerca de elfaroestaencendido

En este blog encontrarás información sobre las actividades, recursos, servicios e instalaciones de la Iglesia Evangélica Faro de Luz en Mayagüez. Únete a la discusión y déjanos saber tus impresiones. Este espacio, de elfaroestaencendido es para que te enteres de las últimas noticias, seminarios, talleres, congresos, simposios, conversatorios y adiestramientos llevados a cabo por los miembros y feligreses de la Iglesia. El “Blogs” te proveerá las herramientas adecuadas para iniciar o completar el conocimiento de todo lo que quieras saber y de los últimos acontecimientos a la luz de la palabra de Dios. Un faro encendido en Mayaguez para alumbrar a todos los extraviados, tristes y sin esperanza Nuestra Visión: Somos una iglesia con propósito. Queremos impactar nuestra ciudad; levantando estructuras para edificar hombres nuevos, mediante los principios de la palabra de Dios, el amor de Jesucristo y el poder del Espíritu Santo. Nuestra Misión: Llevar a las personas al conocimiento de Jesucristo y a la madurez espiritual creciendo en los cinco principios de una iglesia con propósito: Adoración, Compañerismo, Discipulado, Servicio, Evangelización. Un faro encendido para alumbrar a todos los extraviados, tristes y sin esperanza.
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